Un Techo para Mi País Guatemala: Combatiendo la extrema pobreza

Por: José David Castellanos | 30 de agosto de 2011 | Temas: Desarrollo Humano, Opinión, Opinión.
Un Techo para Mi País Guatemala: Combatiendo la extrema pobreza

Este fin de semana se llevó a cabo en el municipio de Villa Canales un campamento de la fundación: “Un techo para mi país Guatemala”, en el cual se construyeron cien viviendas con el trabajo de más de mil voluntarios.

Un techo para mi país Guatemala (UTPMP) es una fundación sin fines de lucro que reúne jóvenes mayores de dieciocho años, en su mayoría universitarios, con el objetivo de erradicar la pobreza de la que vive presa cerca del 60% de la población nacional. Bajo esta premisa, los jóvenes voluntarios de esta fundación se han visto en la necesidad de actuar mediante la realización de viviendas de emergencia, como primer paso en la construcción de una nación solidaria, justa y sin extrema pobreza ni exclusión, mejorando la calidad de vida de miles de guatemaltecos.

En lo personal, tuve la oportunidad de servir como voluntario en la cumbre de Guadalupe, dentro de la aldea Santa Rosita de este municipio. La pobreza y la miseria de nuestra gente son impresionantes, pues la situación de precariedad (calles sin pavimento, comunidades sin agua, familias que viven en pisos de tierra, niños descalzos que sufren de desnutrición y una insalubridad imperante) son evidentes y verdaderamente desastrosas. La realidad de nuestra nación es total y completamente inhumana e indigna. Como equipo periodístico, la oportunidad de dar a conocer esta realidad a los lectores es imprescindible y de primer orden, pues con los demás compañeros con los que formamos equipo para levantar la vivienda, al llegar con la familia Jolón, nos encontramos con una realidad impactante y siniestra. El terreno se encontraba compuesto de tres espacios con paredes de madera y lámina, no existía el piso ni el baño, no contaban con agua potable y los insectos abundaban, dos camas oxidadas, un horno de leña y nada más, las condiciones de esta familia eran realmente infrahumanas.

La oportunidad de vivir esta experiencia impactante e inolvidable permite que sea necesario resaltar que esta fundación realiza una labor titánica en nuestro país, ya que en realidad, como bien lo afirman sus integrantes, la construcción de la vivienda de emergencia es solamente una “excusa” para adentrarse en la comunidad y empezar a cambiar las condiciones de vida de las personas, que son tan humanas con usted y yo, lector amigo, y que, desde luego, no merecen vivir en condiciones miserables. La organización ha sido creada con el fin fundamental de construir una nación sin pobreza y sin desnutrición, en la que todos sus habitantes vivan dignamente. Además, la experiencia es una muestra clara de que quienes vivimos en una condición de clase media, ya sea media baja o media alta, somos realmente millonarios en comparación con la forma de vida de estas familias. Por ello, quiero fomentarlo, amigo lector, a agradecerle al creador por las miles de bendiciones, oportunidades y bienes materiales y espirituales con los que cuenta, porque tal vez ciertamente debemos lidiar con la inseguridad a diario, o la economía no se da abasto para algunas necesidades o lujos, pero contamos con un piso para caminar, con un inodoro, con agua potable, con un techo donde resguardarnos del frío y de la lluvia, las cuales son bendiciones con las que si no se cuenta, se sufre mucho, como es lamentablemente real a diario para muchos guatemaltecos.

Asimismo, estas personas, a pesar de la condición social en la que viven, no les importa gastar lo que no poseen para agradecerle a los voluntarios por haber llevado hasta ellos la posibilidad de una vivienda digna, no pierden la esperanza, la amabilidad y la apertura de corazón para con sus hermanos connacionales y extranjeros. No pierden la alegría, ni el entusiasmo o la emoción, en la construcción de su hogar y en la trato tan ameno con los demás. Además, la situación es tan precaria que no existen complicaciones del tránsito, o de una sociedad de consumo que nos destruye y nos engaña a diario, no existe soberbia, solamente sinceridad, bondad y amabilidad de parte de los más desposeídos.

Por lo tanto, luego de conocer la realidad palpable y sombría de nuestra gente, terminamos la experiencia con las manos heridas, el cuerpo totalmente mojado, en pleno invierno, llenos de lodo, con los huesos cansados, adoloridos y llenos de suciedad. Pero ninguno se quejó, porque sentimos que era bueno sufrir un poquito y sentir, al menos por un día, la realidad que estas personas viven todos los días del año, toda su vida. Por lo tanto, se hace indispensable comenzar un camino de acción directa en la construcción de una nación diferente y de mejorar drásticamente la calidad de vida de todas las personas que habitan nuestra Guatemala, pues todos somos guatemaltecos, todos somos hermanos y todos somos humanos. Lo invito, amigo lector, a trabajar por el desarrollo de nuestro país, pero más allá de la burocracia o del trabajo desde la ciudad, a ir a las comunidades más desprotegidas, desposeídas, excluidas y olvidadas de nuestro país, y combatir de cerca, desde su punto de origen, la desnutrición, el estilo infrahumano de vida, la falta de hogares dignos, en sí, la precariedad, lo invito a sostener la mano, como lo hizo Teresa de Calcuta, de las personas que más necesitan de nosotros, de usted y yo, en nuestra sociedad, ya no nos podemos hacer, como dice el dicho, “de la vista gorda”, porque en nuestro país existe demasiada necesidad y es imposible que continúe, ya no la podemos permitir, simplemente ya no podemos, no es posible.

Por fin, al terminar de construir aquel nuevo hogar, el dolor que nos provoca en el alma y en el corazón el peso de la miseria, de la injusticia, de la desnutrición, de la pobreza extrema y del hambre constante de nuestros niños, y de nuestro pueblo, es aliviado al ver que nos íbamos dejando un hogar digno para vivir, en el cual podrán empezar a vivir como se debe vivir, como deben vivir los seres humanos, esa es la satisfacción más grande.

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