La respuesta al VIH en Guatemala (1ª Parte)

Por: José David Castellanos | 14 de diciembre de 2011 | Temas: Vida y más.
La respuesta al VIH en Guatemala (1ª Parte)

En Guatemala, veintiún personas al día adquieren VIH, cifra que es mayor al número de personas que mueren violentamente cada día, por ello, la necesidad de hablar alto y tratar este tema se ha vuelto una prioridad para REPORTAJE DE y lo debe ser para toda la sociedad en su conjunto, ya que es necesario impedir nuevas infecciones por VIH y, sobre todo, la muerte de personas. Sin embargo, poner sobre la mesa un tema tan importante en cuanto a la salud a nivel nacional, también significa eliminar el estigma y la discriminación hacia personas que viven con VIH, convertir un tema actualmente controversial en una respuesta de la que todos los guatemaltecos y guatemaltecas debemos ser parte para alcanzar el bien común.

El Virus de la Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), puede contraerse por medio de relaciones sexogenitales, de la madre embarazada a su hijo y transfusiones de sangre, entre otras. Sin embargo, se puede ser portador del virus y muchos años después adquirir el Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (Sida), una enfermedad para la que aún no ha sido descubierta una cura absoluta, motivo que nos coloca en la necesidad de responder al VIH y de eliminar el estigma y la discriminación hacia las personas que viven con VIH, de lo contrario no podremos actuar para evitar más infecciones por VIH y, sobre todo, la muerte de personas.

Para ello han conformado una alianza la Cruz Roja Guatemalteca y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH y el Sida (ONUSIDA), implementando la campaña “Ver para entender”, la cual se ha convertido en un movimiento nacional que busca LLEGAR A CERO, cero nuevas infecciones, cero estigma y discriminación, que nos impide responder a esta situación; y cero muertes relacionadas con el sida.

La erradicación del estigma y la discriminación es vital para poder afrontar la epidemia del VIH y evitar consecuencias nocivas para nuestro país. Pues el estigma es, según ONUSIDA: “un proceso que daña la personalidad de un individuo ante los ojos de los demás. Se produce cuando una persona o una comunidad expresan severo repudio social hacia otra persona o grupo y lo hacen sentir indeseable y excluido. El estigma relacionado con el VIH suele sumarse a algún estigma anterior referido a grupos marginados o vulnerables, como la gente usuaria de drogas inyectables, la población en condición de pobreza, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, los profesionales del sexo y las minorías étnicas. A menudo deriva de normas sociales preexistentes, como las que regulan la sexualidad, el matrimonio y los estereotipos de género”.

Las personas que viven con VIH, en muchas ocasiones, sufren la estigmatización, producto del silencio, el rechazo y la marginación, lo cual solamente conduce a resultados perniciosos para la salud individual y de la sociedad en general, pues el VIH llega a convertirse en un tabú del que nadie quiere o debe hablar, y esto aúna la imposibilidad de las personas a tener acceso a medios de prevención, de atención, cuidado y el apoyo relacionados con el VIH, y solamente permite la expansión silenciosa de la epidemia y aumenta el riesgo de infección y de muertes de la sociedad en su conjunto. Es imprescindible tratar el tema, hablar alto, sin miedo y de una manera constante, pues de lo contrario no podremos responder a esta epidemia y detener su expansión a tiempo.

De acuerdo con ONUSIDA: “La discriminación, por su parte, es la distinción, exclusión o restricción arbitraria que afecta a una persona, generalmente en virtud de una característica personal inherente o de la pertenencia percibida a un grupo determinado, en el caso del sida, la condición confirmada o presunta de VIH-positivo, independientemente de que tales medidas sean justificadas o no”. Además, en torno al sida, las personas tienden a clasificar a las personas que viven con VIH, en un espectro entre la culpa y la inocencia; por ejemplo: pensando que los profesionales del sexo o las personas usuarias de drogas inyectables son “culpables”, y las mujeres monógamas que adquieren el VIH de sus esposos son consideradas “inocentes”, mientras que las “víctimas” llegan a ser los recién nacidos que se infectan por el VIH durante la gestación, el parto o la lactancia materna.

Por ello, la discriminación y la estigmatización, conductas hondamente arraigadas, representan obstáculos reales y concretos que impiden el acceso universal a la prevención, tratamiento, atención y apoyo relacionados con el VIH, así como el retraso en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

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