El combate al racismo y la discriminación

Por: Gabriel Alejandro Castellanos | 26 de enero de 2012 | Temas: Opinión.
El combate al racismo y la discriminación

El combate al racismo y la discriminación

El combate al racismo y la discriminación, es una lucha que nos corresponde a todos y de la que todos debemos ser parte.

Contexto Histórico

A partir de la conquista y la posterior colonización española en Guatemala, surge el racismo como un problema estructural, que se encuentra, a la vez, enraizado en la historia de nuestro país. Posteriormente, agregando las persistentes prácticas racistas de los grupos dominantes, se suscita el conflicto armado interno, el cual evidenció de una cruel manera que el racismo y las prácticas discriminatorias en Guatemala aún predominaban en contra de las poblaciones eminentemente indígenas. Le sigue la firma de la paz, lo que perfilaba a la formación de cambios de fondo mediante el total apoyo del Estado, pero tal situación dista de concretarse.

Pero, previo a continuar con el desarrollo del presente texto, es procedente definir la palabra racismo, siendo este: “la valorización generalizada y definitiva de unas diferencias, biológicas o culturales, reales o imaginarias, en provecho de un grupo y en detrimento del otro, con el fin de justificar una agresión y un sistema de dominación”[1]. Por ello, la existencia de racismo genera como consecuencia lógica la discriminación de unos hacia otros, entendiendo la palabra “otros” como las poblaciones más desfavorecidas de un determinado país, y que, para este caso, serán Guatemala y su respectiva población indígena.

 

Desigualdad Social

Dentro de todo este contexto es procedente mencionar que Guatemala es un país multiétnico, plurilingüe y multicultural, en el que coexisten las culturas: maya, xinca, garífuna y ladina; en donde, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Vida (ENCOVI) del año 2006, el 38.36% son indígenas (mayas, xincas y garífunas) y el 61.64% son no indígenas (ladinos). Y aunque se comparte un territorio en común, las condiciones de vida reflejan que además del racismo y la discriminación, existe desigualdad social.

Acorde a la encuesta antes mencionada, el 51% de la población de nuestro país vive en condiciones de pobreza. Y dentro de la pobreza total[2], la población indígena representa el 74.8%. Por otra parte, para el 2002 la desnutrición crónica o por talla para la edad en niños de 3 a 59 meses era del 35.7% en no indígenas y del 69.5% en indígenas, misma desigualdad existe en mortalidad de la niñez por cada mil nacidos vivos, pues acorde al Informe Nacional de Desarrollo Humano (INDH) 2005, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la mortalidad fue de 69 en niños indígenas y de 52 en no indígenas. Y si se continuara invocando estadísticas contenidas en informes de distintas instituciones y sobre diversos temas, la relación de desigualdad se seguiría manteniendo sin existir ningún cambio. Pues a nivel general, el INDH 2005 del PNUD revela que el Índice de Desarrollo Humano[3] para la población no indígena era de 0.724 y en la población indígena era de 0.578, inferior incluso al nivel general del país para ese año.

De tal forma que existe racismo, que posteriormente se transforma en la discriminación de las poblaciones indígenas para que puedan tener acceso a los servicios básicos de salud y educación, lo que podría implicar mejores oportunidades profesionales y más recursos económicos, pues estos se encuentran concentrados y reservados para los ladinos. Configurando así un sistema que, tras quinientos años, crea la desigualdad social que hoy conocemos y priva la existencia de una verdadera igualdad de culturas mediante la interacción positiva de las mismas, en donde además exista toda una cultura de respeto y de regulación legal que, más allá de sólo reconocer, permita que coexistan, incluso, varios sistemas legales. Lo lamentable es que lo anterior, al día de hoy, suena como la utópica historia de un mundo imposible.

Combate al racismo y la discriminación

La falta de equidad, respeto e igualdad entre culturas no es una casualidad o el producto únicamente de la historia, también lo es la falta de acciones concretas para la eliminación del racismo y la discriminación, pues de mantenerse las cosas como son actualmente, las oportunidades y los recursos no dejarían de pertenecer a los actuales grupos de poder que, en su esencia, son no indígenas.

El desapego de lo propio con el fin de compartir, más que una práctica cultural que puede ser enseñada, es vista en nuestra sociedad como una virtud, y una virtud es una característica de unos pocos personajes virtuosos; es decir, extraños casos de benevolencia extrema hacia los demás. De tal cuenta que vivimos en una sociedad eminentemente individualista, preocupada de lo propio y ajena a las necesidades de otros. A lo que se suma una serie de prácticas políticas que únicamente están diseñadas para el sostenimiento económico de la propia clase política, sin que, en ningún momento, se busque erradicar los problemas que provocan la desigualdad social. Lo que me lleva a plasmar una frase propia que resume la situación que se vive en Guatemala: “El racismo y la discriminación, son institucionalizadas políticas de gobierno y prácticas socialmente aceptadas”, pues de no actuar así, los no indígenas, trastocaríamos el entorno por completo y dejaríamos de ser la cultura dominante.

Pero, ¿qué implicaría dejar de ser la cultura dominante?, o puesto en otras palabras: ¿convendría dejar de ser la cultura dominante?, ¿sería positivo ceder espacios y permitir que otros tengan la misma cantidad de opciones? Todas son preguntas complejas que, a pesar de todo, merecen atención y una respuesta responsable, pues en algún momento dejarán de estar en ensayos universitarios y pasarán a estar en la agenda de los temas sociales del país.

Dejar de ser la cultura dominante, ceder espacios y permitir que otros también tengan la misma cantidad de opciones, es positivo e implicaría únicamente favorecer a más guatemaltecos, es decir, que más que desventajas sólo existirían mejorías y beneficios para el país. Implicaría, además, entender que todos tenemos la misma cantidad de derechos y obligaciones, que no existen razas ni culturas superiores y que los intereses preponderantes son los del país, y no los de ciertos individuos.

Por otra parte, hay que retomar que tampoco se puede pretender que esta situación cambie de la noche a la mañana, sino que; por el contrario, serán cambios que se irán dando de manera paulatina y con el pasar del tiempo, y quien diga que no: se equivoca, pues existen ejemplos de situaciones que parecían no cambiar en la historia guatemalteca y poco a poco se transformaron totalmente. Algunos ejemplos de los antes mencionado son: la anterior existencia de un conflicto armado interno, el cual ha desaparecido, además, antes no existía una verdadera democracia y ahora la hay, antes no se permitía el voto de la mujer y hoy nos encontramos muy propensos a ser gobernados por una mujer. De tal forma que los cambios sí se dan, y los antes mencionados han tomado décadas pero, al final, se han dado.

De momento, existen iniciativas que pueden ser un marco de referencia para que la desigualdad social, el racismo y la discriminación desaparezcan o se aminore la expresión de las mismas; obviamente por medio de un cuerpo legal, es decir, el Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales, el cual busca brindar y proteger una serie de derechos de los pueblos indígenas y tribales de Latinoamérica.

Pero, como se indicó, ésta debe ser vista como una propuesta inicial para que esfuerzos de origen nacional, o sea de ordenamiento jurídico, y propuestas de políticas públicas, surjan para ser orientadas al combate de la desigualdad social, el racismo y la discriminación.

Por hacer una analogía, la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (CNUDMI) formula una serie de normativas orientadas a la unificación internacional de la legislación en materia de contratos y transacciones mercantiles, pero las propuestas no siempre son adoptadas íntegramente, pues las normas constitucionales de cada país impiden la existencia de un determinado grupo de artículos. Misma situación sucede entonces con el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, pues aunque el propósito era que los pueblos indígenas y tribales de ciertos países gozaran de los derechos humanos fundamentales, en Guatemala, por ejemplo, no obtuvo la categoría ni la jerarquía de normativa constitucional.

Entonces, no quiere decir que el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales no constituya un medio vinculante para que los pueblos indígenas exijan que se respeten sus derechos, su cultura, su cosmovisión y su sistema legal. Sino que, por el contrario, esta normativa de carácter internacional debe ser vista como el inicio del tema de la erradicación del racismo y la discriminación, no mediante la criminalización de estos actos, sino que mediante el respeto y la interacción positiva entre las diversas culturas que coexisten en Guatemala.

En conclusión, el Convenio 169 además de ser el inicio de toda esta temática, es el mecanismo idóneo para que las poblaciones indígenas se empoderen y demanden del Estado la emisión de normativa que los respete e incluya en todo sentido, pues a la larga no existe razón alguna para excluir a nadie, ni para considerarle inferior, o indigno de recibir beneficios del Estado y, en general, una mejor calidad de vida, y quien considere lo contrario únicamente estaría cometiendo el ilícito de ser racista y discriminador.

En mi opinión, el combate al racismo y la discriminación, es una lucha que nos corresponde a todos y de la que todos debemos ser parte, pues nos afecta a todos ya que genera desigualdad social en perjuicio de muchos guatemaltecos y guatemaltecas.

Por último, habría que mencionar que realmente no hay que preguntarse si es conveniente o qué implicaría ceder espacios y apoyar leyes y/o propuestas políticas orientadas a combatir el racismo, sino que, por el contrario, habría que preguntarse si estamos listos para participar en un proceso que poco a poco empieza a tomar un rumbo y a convertirse en un tema que interesa a todos, pues la erradicación del racismo y la discriminación es un paso inminente en la próxima década.

Referencias Bibliográficas

  • Instituto Nacional de Estadística (2006). Encuesta Nacional de Condiciones de Vida.
  • Organización Internacional del Trabajo (1989). Convenio 169 sobre los Pueblos Indígenas y Tribales.
  • Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (2005). Informe de Desarrollo Humano.
  • Solís, A. (2009). Estrategia de comunicación participativa para la construcción de un espacio público incluyente, sin racismo ni discriminación. Tesis. Universidad Rafael Landívar. Guatemala
  • Vicepresidencia de República de Guatemala (2007). Diagnostico del racismo en Guatemala. Investigación interdisciplinaria y participativa para una política integral por la convivencia y la eliminación del racismo. Informe general y costos de la discriminación. Volumen 1. Guatemala: Casaús, M., Dávila, A., Romero, W., y Sáenz, S.


[1] Vicepresidencia de República de Guatemala (2007). Diagnostico del racismo en Guatemala. Investigación interdisciplinaria y participativa para una política integral por la convivencia y la eliminación del racismo. Informe general y costos de la discriminación. Volumen 1. Guatemala: Casaús, M., Dávila, A., Romero, W., y Sáenz, S. Página 43.

[2] La pobreza total es la suma de la pobreza extrema y la pobreza no extrema (Instituto Nacional de Estadística. Encuesta Nacional de Condiciones de Vida. 2006.)

[3] El Índice de Desarrollo Humano es la medida sintética que combina tres dimensiones: disfrutar de una vida larga, disponer de educación y contar con recursos económicos (Programa de Naciones Unidas. Informe de Desarrollo Humano. 2005).

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