El permisivismo familiar y sus posibles efectos sociales

Por: Alejandro Cuellar - @ichalejandro | Guatemala | 30 de mayo de 2012 | Temas: Opinión.
El permisivismo familiar y sus posibles efectos sociales

Actualmente estamos viviendo y siendo testigos del “aparente” cariño y comprensión de los padres de familia hacia sus hijos. Muchos de ellos intentan compensar, atender, demostrar afecto e interés de una forma material, ya que tiene un efecto inmediato y de forma, pero no han caído en la cuenta que de fondo y a largo plazo carece de todo sentido afectivo, formativo y educativo.

Se concede este actuar al poco compromiso, a la poca formación, o bien, al propio egoísmo de esos padres para con sus hijos. Se permiten los horarios flexibles para estudiar o realizar tareas, desorden los tiempos de comidas, horarios laxos para el uso del internet, redes sociales, televisión, compra de dispositivos móviles (estos no son malos, pero quienes los usan no han sido educados ni orientados aun para utilizarlos correctamente), viajes, vehículos, etc. Todo esto – me atrevo a decir – es precisamente para que el hijo(a) no se “deprima”, “frustre”, “enoje”, “se sienta recha”, “sea excluido”, etc.

¿Y cuáles pueden ser las consecuencias de todo lo anterior? Pues precisamente hijos(as) con una voluntad muy acomodada y manipuladora. O para ser más dramaturgo, listaré algunos posibles modelos conductuales actuales entre los jóvenes:

  1. Poco o no interés por el estudio. No tiene un grado de importancia o de valor para el o la joven, ya que no tiene que esforzarse para obtener lo que necesita (ya se lo han dado y sin necesidad de trabajar para ello)
  2. Fiestas a discreción. Busca ser escuchado(a) y comprendido(a) en otros lugares con el des inhibidor respectivo (licor, tabaco, etc.) y con otras personas, debido a que sus padres no han tenido interés o tiempo para hacer lo que ellos puedan necesitar, decir, requerir, etc. Estos padres no han caído en la cuenta, que su hijo(a) prefiere estar fuera de casa. (No olvidemos que los padres otorgan los recursos y los permisos para que pueda salir.)
  3. Asignaturas perdidas en cada período evaluativo. Una de las manifestaciones más comunes del hijo(a) para que los padres retomen la atención de sus hijos. Muchos de estos padres no comprenden que la atención a los hijos es en todo momento y de manera preventiva, precisamente para no llegar tarde.
  4. Introvertido(a) y refugiado(a) en su habitación. En este espacio cuenta con lo necesario para entretenerse o simplemente para que nadie le moleste. Otra de las manifestaciones de los jóvenes que los padres deberían prestar atención. No es común que se encierra y no quiera ser escuchado(a). Puede ser víctima de algún tipo de acoso. (Estos padres consideran que son cosas de la edad y que siempre ha sido así)
  5. Abusador(a). Este tipo de conducta es de los más complejos. Ya que puede darse por casos extremos, es decir: Lo que no puede hacer en casa lo hace fuera, le han dado todo que cree que lo merece todo y a su modo, capricho o abusado, etc. Los padres no aceptan que su hijo(a) es así, pues en casa es una de las personas más colaboradoras. (Primer peligro, el que los padres no aceptan la situación)

Los ejemplos anteriores, tienden a no ser detectados por aquellos padres de familia que están más preocupados por los posibles negocios, su círculo de amistades, el gimnasio, los viajes, el servicio del vehículo, su propio “good looking”, etc. y por lo mismo, la manera equivocada de dedicarles tiempo a sus hijos es bajo el argumento de “tiempo de calidad”. Este último, no es posible medirlo y por ello, es que precisan medirlo económicamente.

Mientras el valor monetario exista, podrán atenderse con ese aparente “tiempo de calidad”, pero no han caído en la cuenta que eso no es lo más importante y mucho menos el medio adecuado. Importante es aquella persona que necesita afecto, atención, orientación, educación y formación. Un(a) joven que no haya sido guiado(a) en sus respectivas etapas, de nada le servirá disponer de efectivo, dispositivos móviles, viajes, vehículo, etc. si no se le ha enseñado a ser prudente, justo(a), responsable, ordenado(a), sobrio(a), austero(a), templado(a), sincero(a), humilde, alegre, etc.

No es posible que el consumismo, los medios televisivos, publicitarios, o las aparentes modas abran la puerta al permisivismo en los hogares. Un padre permisivo (no entiendo por qué) y su ejemplo, fomentará en sus hijos: comodidad, poco esfuerzo, desinterés, pocos ideales, poco espíritu de lucha, excusas e incluso egoísmo y esto se vería reflejado una vez más en cualquier entorno en el que éste último se desenvuelva, es decir, harán alusión a San Francisco de Sales: “Acostumbramos acusar al prójimo por las menores faltas cometidas por él, y a nosotros mismos nos excusamos de otras bien grandes. Queremos vender muy caro y comprar lo más barato posible… Queremos que interpreten nuestras palabras benévolamente y, en cuanto a lo que dicen de nosotros, somos susceptibles en exceso… Defendemos no extrema exactitud nuestros derechos y queremos que los otros, en cuanto a los suyos, sean mucho más condescendientes. Mantenemos nuestros lugares caprichosamente y queremos que los demás cedan los suyos humildemente. Nos quejamos fácilmente de todos y no queremos que nadie se queje de nosotros. Los beneficios que obramos a favor del prójimo siempre nos parecen muchos, mas estimamos en nada los que los otros nos hacen. En una palabra, tenemos dos corazones… uno – dulce, caritativo y complaciente –, para todo lo que nos concierne; y otro – duro, severo y riguroso –, para con el prójimo. Tenemos dos medidas: una para medir nuestras oportunidades en nuestro provecho, y otra para medir las del prójimo, igualmente en nuestro derecho”[1].

Lo anterior, en cada mención, es precisamente una descripción conductual de padres permisivos e hijos egoístas (como consecuencia de ese permisivismo). El impacto social es realmente impresionante, y no es sobredimensionar la situación actual. Usted como parte de la sociedad, ha sido testigo en más de alguna ocasión de tales modelos conductuales – tanto en padres como hijos(as) – y es precisamente porque se “cree que” con el simple hecho de dar bienes (aparentes) materiales, permisos para todo, no sanciones, no encargos, no consecuencias, no disculpas, no compromisos, no respeto al prójimo, no ideales, etc.; los hijos serán “personas responsables y comprometidas” o algún día serán influyentes en la sociedad.

El ser permisivo es precisamente “permitir y consentir” toda acción. Si los padres no han o hemos aprendido a ser verdaderamente responsables y libres ¿cómo esperamos que los hijos o nuestros hijos lo sean? Recuerde que nosotros como padres de familia somos el primer ejemplo y primeros educadores de nuestros descendientes y, por lo mismo, el caer en ese consentimiento de todo lo propio de la pereza y el egoísmo, no es precisamente la mejor manera de educar, orientar y formar a los hijos y/o nuestros hijos.


[1] San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, 6ª edición, Vozes, Petrópolis, 1948, páginas 292-294.

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