Todos los días mueren mujeres de manera violenta en Guatemala

Por: María Machicado Terán | Representante de Onu Mujeres en Guatemala | 22 de enero de 2013 | Temas: Opinión.
Todos los días mueren mujeres de manera violenta en Guatemala

En promedio, al menos una al día reportada en medios de comunicación y cifras oficiales. Sin embargo, la cobertura mediática es escueta, los datos confunden a la opinión pública, culpabiliza o estigmatiza a la víctima y pronto deja de ser noticia. Los medios ya no le dan seguimiento, quizás porque son demasiados o quizás porque se ha naturalizado tanto la muerte. Al final la ciudadanía no conoce los resultados de las investigaciones ni la aplicación de justicia en cada uno de ellos, si la hubiera. No nos paramos a pensar que una vida llena de sueños y esperanzas fue truncada dejando un enorme vacío.

El número de muertes de las últimas semanas ha conmocionado a la opinión pública luego de que la indignación aumenta cuando son niñas, porque no se comprende las razones que pudieron llevar a los autores a cegar sus vidas a una edad tan temprana. Pero la indignación ante la muerte de las mujeres corre el riesgo de perderse e incluso se encuentran justificaciones en algunos casos cuando asociados al crimen organizado. Nos hemos olvidado que nada justifica una muerte y hemos dejado de entender que las causas de las muertes de mujeres están asociadas a cómo las percibimos dentro de una sociedad: las actitudes y normas sociales que nos rigen. Detrás del comportamiento no solo de los victimarios, sino de los medios de comunicación, investigadores, jueces, policías, autoridades públicas y ciudadanía en general, están los prejuicios y estereotipos sobre los roles que una mujer debe cumplir en una sociedad. Por tanto, la importancia que se le dé al hecho, la forma en que se investiga, la forma en que se justifica y se juzga hace que la violencia contra las mujeres quede en la impunidad y sea una manifestación constante.

Entender el ciclo de la violencia puede ser confuso. Si vemos los datos de número de mujeres que reconocen haber sufrido violencia, no menos del 25% de todas las mujeres de la región lo admiten. Sin embargo, sabemos que muchas mujeres no lo reportan, e incluso consideran que existen causas por las cuales sus parejas pueden ejercer violencia contra ellas, ya que se ha naturalizado no sólo en el hogar sino en la sociedad.

Reducir el fenómeno de la violencia contra las mujeres al ámbito intrafamiliar lleva el riesgo de volver a considerarlo un asunto privado y a buscar culpables y soluciones que están únicamente en manos de las instituciones que implementan la justicia. Que se pueda tomar la vida de una mujer, de una adolescente, de una niña o de una recién nacida, nos está diciendo lo poco que vale la vida de las mujeres y el sentido de superioridad que existe al poder asesinarlas brutalmente.

Debemos reconocer que los patrones violentos hacia las mujeres tienen que ver con la posición de ella ocupa, el valor que se le da en una sociedad. Esta valoración empieza desde la preferencia por los hombres al momento del nacimiento, que se expresa desde las celebraciones por la continuidad del apellido o que demuestra la hombría del padre, hasta los infanticidios selectivos. Conocer el número de niños respecto al de niñas abandonadas y/o encontradas muertas a los pocos días de nacidas nos dará una idea de este fenómeno en Guatemala. Otra forma de medirla es a través de indicadores. El más extremo es la muerte violenta, la cual para Guatemala es una de las más altas de la región. Pero también se mide en la muerte materna, en la desnutrición crónica, en su inserción en el mercado laboral y los ingresos laborales, así como en los puestos de elección pública, entre otros. Todos los indicadores repercuten en la falta de autonomía y poder de decisión que tiene las mujeres sobre sus vidas y por consiguiente en la de sus familias y el bienestar de sus hijos e hijas. Si seguimos creyendo que sólo incrementando los servicios sociales y de justicia (que son necesarios sin duda) para reducir las muertes maternas y las muertes violentas, estamos dejando de ver la mitad del problema: la posibilidad que tienen las mujeres de hacer uso de ellos ya sea por tiempo, recursos o decisión propia.

Por tanto, no nos extrañe que las muertes violentas contra mujeres continúen. No se trata de protegerlas porque se consideren débiles, se trata de respetarlas porque son ciudadanas con derechos propios. Se trata de reconocer las barreras que enfrentan las mujeres por la misma sociedad, y superarlas. Y el cambio si bien empieza en casa, empieza en realidad en cada uno. En que terminemos de entender que las mujeres no estamos en el mundo sólo para concebir hijos y cuidarlos. Que no debería ser posible asumir legalmente esa responsabilidad desde los 14 años. Que es una tarea que debe ser compartida. Que las mujeres tienen el mismo derecho a estudiar y trabajar, generar ingresos y poder tomar sus propias decisiones.

En la medida que se reconozcan los derechos de las mujeres, tendremos familias más fuertes. En la medida que se reconozca la participación de las mujeres, tendremos gobiernos más fuertes. En la medida que se empoderen a las mujeres, tendremos economías más fuertes. En la medida que se reconozca que las mujeres somos iguales, tendremos sociedades más fuertes.

También le puede interesar leer

Anteriores Siguientes

Escriba su comentario: